Akdeniz: Dünya devriminin yeni havzası!

The Mediterranean: new basin of world revolution!

البحر الأبيض: الحوض الجديد للثورة العالمية

مدیترانه: حوزه جدید انقلاب جهانی

Il Mediterraneo: nuovo bacino della rivoluzione mondiale!

Μεσόγειος: Νέα λεκάνη της παγκόσμιας επανάστασης!

Derya Sıpî: Deşta nû a şoreşa cihânê

Միջերկրական ծով: նոր ավազանում համաշխարհային հեղափոխության.

El Mediterráneo: Nueva cuenca de la revolución mundial!

La Méditerranée: nouveau bassin la révolution mondiale!

Mediterrâneo: bacia nova da revolução mundial!

ARGENTINA: UN ENORME VACÍO DE PODER

Las PASO del 11 de agosto han creado una situación casi sin precedentes en Argentina. En un país donde una profunda crisis económica ha causado estragos durante más de un año, el gobierno de Macri buscaba un segundo mandato con el propósito de continuar su colaboración con el FMI para poner toda la carga de la crisis en los hombros de las masas trabajadoras, cumpliendo así sus promesas al capital financiero internacional y a la burguesía doméstica. Su principal competidor era el ala kirchnerista del histórico movimiento peronista. Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta hasta que Macri asumió en 2015, fue un chivo expiatorio de la burguesía internacional, por su supuesta orientación de izquierda. Calculando para las circunstancias concretas del día, esta política burguesa escogió a un lacayo del capital financiero internacional, Alberto Fernández, un homónimo pero sin relación, como su compañero de fórmula. Su “Frente de Todos” se convirtió así en el principal contendiente al Cambiemos de Macri.

Había diversas opiniones sobre las posibilidades del Frente de Todos, pero que sepamos, ni una sola alma podría haber tenido una idea de lo que ahora tenemos como resultado real. Aunque las PASO son primarias, también indican el gran apoyo que cada partido tiene para las próximas elecciones en octubre. Para incredulidad y asombro de todos, el votó a Fernández -Fernández (o F-F) aplastó al frente de Macri por un margen de más de 15 puntos porcentuales (cerca del 47% por ciento frente al 31%). Dado que la regla para la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Argentina es del 45% más uno para ser electo presidente (en oposición al umbral del 50% para la mayoría de otros países), si estas hubieran sido las elecciones oficiales, Alberto Fernández habría estado en el palacio presidencial ahora.

Los resultados electorales le han jugado una mala pasada a la burguesía argentina y más allá, poniendo a la local en un dilema: Argentina ahora tiene dos jefes de gobierno, uno, Macri, sin ningún mandato popular y el otro, Fernández, sin ninguna autoridad oficial. El que no tiene un mandato insiste en permanecer en el poder y el que tiene un mandato del pueblo lo está evitando.

Por decirlo de otra manera, el significado del voto popular es tan alto y claro como puede ser: estas PASO son el referéndum griego de julio de 2015 en otro continente y bajo otra apariencia. En esa ocasión, el pueblo griego había rechazado la tercera ronda de medidas de austeridad impuestas por la Troika de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI. Ahora, el pueblo de Argentina ha dicho un rotundo “No” (un poderoso “Oxi”, dirían los griegos) al FMI y las políticas de austeridad de Macri. Pero la configuración institucional es tal que este presidente derrotado, un verdadero creyente en el globalismo y la estrategia neoliberal de atacar a la clase trabajadora, tiene el derecho legal de permanecer en el poder hasta el 10 de diciembre. Es decir… ¡Un período completo de cuatro meses a partir de la fecha de las PASO! Si la palabra democracia tiene algún significado, este presidente debería irse porque ya no tiene el mandato popular para seguir con sus políticas al estilo del FMI. Pero se aferra al poder y dice que luchará hasta el final. Uno sospecha que será el “final” de la economía argentina, ya que inmediatamente después de las PASO, la fuga de capitales ha sido acompañada por una caída brusca del peso y otros síntomas mórbidos.

Al otro lado de la ecuación están Alberto Fernández y la éminence grise del Frente de Todos, Cristina Fernández. Tienen el apoyo moral y el mandato popular de dirigir el país, pero están evitando el poder como la peste. Alberto Fernández es presionado por la burguesía argentina para decir en voz alta que administrará la economía argentina “racionalmente”, es decir, de conformidad con la racionalidad capitalista, o al menos para revelar su posible “equipo económico”, lo que significa, por supuesto, que se espera que entregue una lista de lacayos de los “mercados financieros” o, en otras palabras, de la burguesía imperialista. Sin embargo, eso obviamente se convertiría en una desventaja para Fernández, capaz de hacerle perder parte de su apoyo popular a manos de las fuerzas a su izquierda (más de eso en un momento), y también quiere que Macri limpie el desastre resultante del repudio total por parte de las masas a su gobierno antes de irse, para que él, Fernández, pueda comenzar un trabajo mucho más fácil sin tener que limpiar primero los restos del naufragio.

Así, el poder en Argentina se ha convertido en una bola de fuego para las principales fuerzas burguesas contendientes. Hay un vacío de poder porque ya nadie reconoce ninguna credibilidad a Macri y porque el propio Fernández tiene mucho miedo de sostener las palancas del poder, aunque sea parcialmente. Esta es una crisis nacional en términos de Lenin.

La izquierda argentina

Esta situación única no ha surgido en cualquier país. Si se tratase de un país sin tradición de lucha de la clase trabajadora, carente de un movimiento socialista de proporciones significativas o uno que esté subordinado congénitamente al orden capitalista, la burguesía, tanto internacional como doméstica, no se habría preocupado mucho. Sin embargo, Argentina es un país con una historia de luchas de clase convulsivas, incluso para los estándares latinoamericanos. El último evento memorable fue el Argentinazo de 2001-2002, durante el cual una rebelión popular frente a una grave crisis económica derribó a cuatro presidentes en cuestión de semanas, antes de que el quinto pudiese aferrarse al poder hasta las elecciones anticipadas. Es un fantasma de este tipo el que atormenta a la burguesía doméstica argentina, así como la pesadilla de un default financiero.

Argentina es también uno de los pocos países en el mundo de hoy, si no el único, en el que es la izquierda revolucionaria (junto con grupos centristas) la que domina la escena de la izquierda en lugar de la socialdemocracia o las corrientes post-leninistas (o los “partidos amplios”). El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) ha sido un actor importante del cuadro electoral (y solo mínimamente) de lucha de clases desde 2011. Originalmente compuesto por tres partidos, este año extendió su horizonte a otros partidos y formaron un frente más amplio denominado FIT-Unidad (FIT-U). Casi todas las fuerzas que han participado en el FIT-Unidad son de origen trotskista y suscriben al menos nominalmente a una reorganización revolucionaria del Estado y la sociedad. El más importante de estos, en nuestra opinión, es nuestro partido hermano, el Partido Obrero, con su clara visión programática del mundo del siglo XXI y el lugar de América Latina y Argentina en particular en ese mundo, su organización fuerte y combativa, y su inserción dentro del movimiento de trabajadores. Es cierto que en este momento el Partido Obrero se ve sacudido por una lucha de facciones entre la mayoría y una minoría. Sin embargo, estamos convencidos de que esta grieta puede superarse si se maneja adecuadamente no solo por las partes contendientes en Argentina sino también por nuestra corriente internacional, que se basa en el programa de 2004 de la Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional.

Aunque no es una fuerza que pueda competir por el poder, el FIT, sin embargo, recibe una cantidad considerable de votos y ha enviado varios diputados a las legislaturas federales y estatales. Recibió unos 700 mil votos en las PASO del 11 de julio (más del 3 por ciento del voto popular). Dado que los diferentes partidos que tienen su lugar en este frente tienen vínculos reales en el movimiento organizado de la clase trabajadora, el llamado movimiento piquetero de desempleados y pobres urbanos, el movimiento de mujeres que recientemente ha luchado valientemente contra el feminicidio y por el aborto libre y legal, el movimiento estudiantil bien organizado, etc., el FIT tiene una capacidad de movilización significativa que va más allá de su influencia electoral limitada, lo que significa que si ocurriese un nuevo Argentinazo las cosas se volverían mucho más difíciles para el estado burgués.

Dadas las poderosas tradiciones de la clase obrera argentina y las fuerzas limitadas pero significativas de la izquierda revolucionaria, el vacío de poder nacido en Argentina puede, en cierto punto y bajo ciertas circunstancias, convertirse incluso en una seria amenaza para el poder burgués. No podemos entrar aquí en una crítica de las diferentes posiciones tomadas por las fuerzas componentes del FIT-Unidad frente al vacío de poder. En cambio, presentaremos nuestra propia opinión sobre la línea táctica que elevaría las posibilidades de la clase obrera y la izquierda revolucionaria en los próximos meses y años.

Macri, ¡toma tu FMI y vete!

Partimos de lo obvio: el poder del gobierno es, en la actualidad, una bola de fuego para todos los partidos burgueses en Argentina. El único político digno de mención que quiere aferrarse a él es Macri, porque sin poder perderá sus últimas, aunque muy leves, posibilidades de renacimiento político. Pero ya no tiene un mandato popular, ya que es una figura política horriblemente derrotado en las urnas. Debido a que él es el único que se aferra al poder, desde el punto de vista de la izquierda revolucionaria, debería ser forzado a irse lo antes posible. Esto hará aún más absoluto el vacío de poder. Con Macri, es un líder gravemente herido quien sostiene las palancas del gobierno, un estado similar a un vacío de poder, pero no exactamente. Sin Macri, será un vacío absoluto.

Digamos tempranamente que la demanda que proponemos, “¡Macri, toma tu FMI y vete!”, debe ir acompañada de forma indispensable de consignas que definan una salida de los trabajadores a la crisis, como “nacionalizar los bancos y crear un solo banco estatal, con especial atención al pequeño ahorrador”, “control estatal del comercio exterior”,”suspender la convertibilidad del peso” y “rechazo total de la odiosa deuda externa”. También, ni hace falta aclarar, toda una serie de demandas con respecto a las necesidades diarias concretas de las masas con respecto a empleos, salarios, gastos estatales en servicios sociales de todo tipo, etc. que son el abc de la política socialista revolucionaria frente a una crisis tan profunda. Todo esto dervirá de delimitación, a los ojos de las masas, entre la línea política de los socialistas de la de los kirchneristas. Todo esto, por supuesto, debe completarse con un impulso constante hacia la acción masiva directa, dada la gravedad de la crisis y la amenaza a las condiciones de vida de las masas.

No hay lucha sin tales demandas económicas. Eso es verdad. Sin embargo, sectores de la izquierda revolucionaria argentina parecen creer que la lucha por las demandas económicas es una condición previa necesaria para el desarrollo de una conciencia política en las masas. Hacemos hincapié en la palabra necesaria, porque aunque es cierto que las masas aprenden a través de la lucha y la lucha generalmente comienza con una lucha por las necesidades materiales inmediatas de las masas, este no es el curso inevitable de las cosas y, bajo ciertas circunstancias, la política puede moverse independientemente al primer plano en el esquema dialéctico de las cosas. Esta es precisamente la situación en Argentina hoy. El vacío de poder ha cambiado el orden más habitual de las cosas. La política y la economía se han movido de manera desigual debido a esta situación. Por lo tanto, la izquierda revolucionaria argentina debe avanzar teniendo en cuenta las circunstancias concretas creadas por este vacío de poder. Las fuerzas revolucionarias del proletariado no pueden avanzar como si fuera “lo de siempre” ante una situación de crisis nacional.

La lucha por derribar a Macri resonaría inmensamente con las masas. El hombre es, en este momento, el culpable por excelencia ante sus ojos del sufrimiento y empobrecimiento. No solo “Macri, toma tu FMI y vete” no le haría el juego al Frente de Todos, sino que, por el contrario, haría que las cabezas de los votantes del kirchnerismo se volvieran hacia la FIT-Unidad. La ironía es deslumbrante. ¡Los F-F no desean derribar a Macri, aunque en teoría serían los principales benefactores de su caída! Esto se notará con cierto rencor por al menos una sección importante de sus votantes, especialmente si el movimiento revolucionario es lo suficientemente hábil para llegar a ellos. Y si como resultado de esta lucha Macri es derribado efectivamente, esto definitivamente le parecerá a las masas, incluidos los votantes de F-F, una gran victoria y aumentará exponencialmente el interés y la simpatía por los partidos FIT-Unidad.

La lucha contra Macri es también una lucha contra Fernández

Por supuesto, al ser una clase dominante con experiencia en manejo de crisis (y con esto no nos referimos solo a la crisis económica), la burguesía argentina y sus mentores internacionales siempre tratarán de encontrar un gobierno sustituto hasta diciembre. Podría ser un gobierno de “expertos” del tipo que la burguesía europea intentó en la primera mitad de esta década en Grecia e Italia. Pero ese tipo de gobierno sería aún más débil que Macri, quien después de todo ha liderado el país durante cuatro años. Un gobierno interino en medio de un proceso electoral es una situación muy inusual que crearía una atmósfera de crisis política extraordinaria dado también el contexto de una profunda crisis económica.

El impulso para que Macri renuncie también serviría para desacreditar a Fernández en la mayor medida posible a los ojos de las masas que sufren por la política de austeridad inducida por el FMI. Debido a que quien reemplace a Macri no podrá aumentar la confianza del capital financiero internacional por sí solo, Fernández se verá cada vez más atraído hacia el manejo de la crisis, actuando como hombre de confianza del capital internacional. Aquí hay una especie de callejón sin salida para la burguesía argentina: o Fernández se involucra cada vez más en el trabajo cotidiano del manejo de la crisis, lo que erosionaría su popularidad a los ojos de las masas dependiendo de la mayor o menor medida en que se involucre, o se mantiene alejado de las palancas de gestión de crisis, lo que la profundizará.

Entonces, en efecto, la naturaleza de la situación política, es decir, el carácter del vacío de poder es tal, que decirle “¡Fuera!” a Macri no sería funcional a Fernández, sino que lo debilitaría. Añadimos a esto la siguiente consideración: si se puede hacer que Macri renuncie de inmediato o en un futuro cercano, un frente de la burguesía se habrá derrumbado por completo. No sabemos qué estipularía la ley electoral argentina en caso de que un candidato elegido en las PASO renuncie, pero parece seguro que esto equivaldría a que Cambiemos tire la toalla. Esto dejaría la formula F-F aparentemente sola en la arena electoral. Sin embargo, ahora un FIT-Unidad respetado y fortalecido por su lucha contra Macri estaría en una mejor posición para luchar contra F-F. Más importante aún, las elecciones se convertirán cada vez menos en el escenario decisivo para la política a medida que las fuerzas socialistas revolucionarias encuentren una audiencia más amplia entre la clase trabajadora, a través de la acción de masas directa, pero también a través de este tipo de tácticas con respecto a la crisis nacional.

Finalmente, todo esto debería ir acompañado de un trabajo de propaganda sobre los órganos de doble poder de la clase trabajadora. Estamos hablando de órganos de tipo soviético. Sin embargo, el soviet es la forma más alta de órgano de doble poder para la clase. La situación argentina aún no está madura, ni mucho menos, para un llamado a formar soviets. Pero diferentes tipos de organizaciones de base pueden y deben ser promovidos en esta etapa temprana, tales como comités de fábrica, comités de huelga, comités de medios de vida del vecindario o comités de costo de vida para ocuparse de cuestiones de lucha contra la pobreza, etc. Esto debe ser acompañado de una cuidadosa preparación para la idea de los soviets. La organización de los soviets (con nombres apropiados para el país en cuestión, naturalmente) puede convertirse en motivo de agitación solo cuando las masas se han levantado en una crisis revolucionaria. Sin embargo, el trabajo de propaganda para prepararlos puede y debe comenzar en situaciones donde las condiciones objetivas están madurando para un enfrentamiento frontal entre las clases.

La situación mundial crea inmensas presiones para la erupción de la actividad revolucionaria en los estratos obreros y más pobres de la sociedad en todo el mundo, desde Haití a Irán y desde Zimbabwe a la Francia de los chalecos amarillos, con Sudán y Argelia liderando el camino revolucionario con heroísmo y perseverancia. Argentina atraviesa tumultuosos días, semanas y meses bajo la tensión de una de las crisis económicas más terribles del planeta. Seguro, la política no sigue a la economía obedientemente y ha habido muchos casos en la historia de crisis económicas que conducen incluso a la dispersión, la desmoralización y la derrota de las masas. Las masas argentinas no parecían, desde los días extraordinarios de resistencia en diciembre de 2017, preparadas para responder de manera activa y masiva. Esto disminuyó en cierta medida las posibilidades de acción revolucionaria. Ahora, sin embargo, a través de uno de esos giros irónicos de la historia, un percance electoral ha creado un vacío de poder y, en consecuencia, una crisis nacional. La izquierda revolucionaria puede, aprovechando esta oportunidad, desafiar el mandato de la burguesía a través de métodos más revolucionarios, combinando demandas económicas y tácticas políticas. Los cuatro meses venideros serán un período convulsivo. Las fuerzas proletarias de Argentina no deberían permanecer al margen de estas oportunidades.